sábado, 16 de julio de 2011

El trabajo del editor

Desde hace unos años estudio una carrera que muy pocos conocen. Cuando conocés a alguien y te pregunta qué estudiás (entre las muchas preguntas básicas) y vos respondés "Edición" te miran con cara de "¿De qué estás hablando Willis?"
Cada futuro editor arma una respuesta lo más clara posible, con cierto sesgo culturoso para evitar más preguntas. A veces usar palabras culturosas en una oración larga hace que nadie entienda demasiado y, por suerte, no pregunte más.

Si te volvés a encontrar con esa misma persona SIEMPRE te vuelve a preguntar qué estudiabas, porque se acuerda que era una carrera rara, pero concretamente. Entonces te hacen estudiante de:

1. Bibliotecas: Un estudiante de bibliotecas debe saber qué madera es mejor, el espacio ideal para los estantes y ese tipo de cosas.
2- Bibliotecaria: Porque parece que los libros remiten inmediatamente a las bibliotecas. Pero resulta que para que los libros lleguen a los anaqueles tienen un proceso previo.
3- Imprenta: ¿No piensan que antes de imprimir un libro hay un trabajo intelectual?
4- Otras carreras impensadas: Si a la explicación de lo que estudiás le agragás que cursás en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA ¡¡¡CAGASTE!!! Porque a partir de ese momento estudiás "Filosofía y Letras" cuando son dos carreras separadas.

Hace unos días mientras leía un libro sobre gestión editorial escrito por Gill Davies encontré esta definición bastante aproximada a lo que es el trabajo del editor:

(...)"No es fácil definir el trabajo de un editor. Sin dudas su órbita comprende la generación, evaluación y selección de obras, pero también la revisión de sus partes y la minuciosa lectura de los textos, así como la conversión del manuscrito en un original de imprenta y el ulterior lanzamiento con el aspecto adecuado, a través de los medios óptimos y con la promoción idónea.(...)


(...) El editor también es un inversionista. Al elegir una obra, compromete recursos que podrían haberse empleado en otra obra, y de ahí que sus decisones deban buscar el éxito, que no necesariamente se mide en términos financieros. Si tuviera acceso a recursos ilimitados, o si las elecciones editoriales no estuvieran sujetas al escrutinio económico o cultural, editar sería una actividad muy fácil, y muy aburrida" (...)

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