lunes, 19 de agosto de 2013

Border III

¿Y si la noche se extendía estando con ella?

Durante la semana seguimos con los mensajes, a la noche antes de dormir.
El martes a la noche estábamos chateando, le conté que había publicado en este blog lo que escribí mientras la esperaba, quería saber si lo había leído.
Ella: Si te leo no puedo responderte.
Sam: Ok. Cuando quieras y como quieras.

Ups! Sam... lo dijiste con inocencia y ese mensaje tiene una doble lectura. 

Seguí con el juego de palabras y me animé: Tengo ganas de verte ¿cuándo podés?

Quedamos en vernos el viernes a la noche. El domingo había que votar y los bares estarían cerrados el sábado por la veda electoral. Por cansancio y problemas de tiempo acordamos el sábado a la noche en su casa.
Mi amigo me llama el mismo sábado para que lo ayude a fiscalizar el domingo a la mañana ¡LO ODIÉ! ¿Y si la noche se extendía estando con ella? Podía pasar que no la pasaramos bien, pero no era la idea. Y bueno... me había comprometido con él.
Hice todo lo que tenía que hacer el sábado a la tarde, volví a mi casa, me bañé y fui a su casa.

Border II

Una noche, como una vida, solo puede terminar bien cuando empezó mal.
(Frédéric Beigbeder. Historias de éxtasis)

Entramos al bar. Fuimos al piso más alto. El espectáculo era una verdadera porquería. No nos gustó, así que bajamos. Ahí no veíamos nada; hablábamos bajito. Las otras personas que estaban en el bar parecían disfrutar del espectáculo.
Pedimos una cerveza. Hablábamos mucho, era fluida la conversación. Todo el tiempo tuve la sensación de que la conversación no llevaba a nada.
Su hombro estaba dolorido y su cara lo reflejaba. En cuando vimos un sillón desocupado fuimos. Ya teníamos tragos. Seguía la charla. Tenía ganas de fumar, no le propuse que me acompañe, ella decidió venir.
Entendía menos que antes ¿Tenía que interpretar que la pasaba bien? Su cara no demostró mucho en toda la noche, excepto el dolor de hombro.
Hacía frío, yo fumaba, hablábamos, pero distantes.
Entramos al bar. Eran las 2 am aprox, fuimos arriba, había menos luz, algunas parejas bailando y nosotras en el sillón.
Le propuse hacerle unos masajes, se negó al principio pero accedió. Unos segundos y nos estábamos besando. Muchos besos, hasta desesperados. De la boca al cuello, del cuello bajando a las tetas. Una a la otra. Ella ponía algunas trabas cuando mis besos querían ir más allá. Yo me dejaba hacer, me encantaba, se lo demostraba. Pocas veces me había sentido así. ¿Quería más? Sí, quería mucho más.
De golpe pensé: "Sam, no la conocés ¿Vas a dormir con esta mina la primera vez que la ves?"
Y... aunque moría de ganas prefería volver a verla y que pasara lo que pasara.
Los besos paraban en breves instantes de charla. Solo quería que sigan los besos. La gente se iba y nosotras nos besábamos. Llegaban cada vez mas lejos, me encantaba.
El bar cerraba y teníamos que irnos.
Fuimos juntas hasta la esquina. Cada una tomó un taxi.

Llegué a mi casa flotando. Me acosté.
La tarde del domingo tenía un cumpleaños y después la presentación de un libro.
Tenía ganas de escribirle, pero no quería ser cargosa. Me escribió ella.

martes, 6 de agosto de 2013

Border

No, border no, todavía. -me dijo.

Sí, me hice la superada. Dije: "Todo bien, pero no me genera nervios".
Me bañé, me vestí y maquillé como siempre, salí con mucho tiempo de anticipación. Llegué media hora antes y me estaban comiendo los nervios.
¿Deseaba que me cancele?  Así justificaba el miedo "No viene, joya. Me voy al cine o me meto en cualquier bar. Es ella la que no viene". 
No, venía. Estaba en camino. Mas nervios. Dijo que no quería ser impuntual, pero le sorprendió mi sms cuando le avisé que había llegado. Me respondió ¿Ya llegaste? En 10 estoy.

Hace un tiempo vengo pensando que debería ponerme un plazo cuando espero a alguien. 10 minutos es poco, veinte es mucho y 15 me parece una mierda. ¿17 minutos? como te dicen cuando llamás a un radio taxi... No, 17 tampoco.

Los nervios me seguían quemando y ella no llegaba. Pensé en los 17 minutos. Miré el reloj, sus 10 minutos habían pasado ¿Esperaba 7 más? Miraba alrededor sin buscarla. ¿Me iba? ¿Seguía esperando? ¿Si pasó por al lado mio y no le gusté? Un chico en la puerta del bar me miraba y mandaba mensajes.
Sí, la estaba esperando y los 17 minutos importaban poco.
¿Me hacía la enojada? No, tendría que fingirlo. Al pedo.
Pensé que estaba en algún lugar pasándola mejor, por eso la sorpresa cuando le mandé el mensaje. Pasaba gente, pero nadie miraba con expresión de buscar a una desconocida. Era incómodo. Quizá no tendría ganas de verme y yo seguía esperando.
Tenía frió, las manos congeladas y ella seguía sin llegar.

Mientras estaba ensimismada escribiendo esto en una nota del celular, porque no tenía papel, de atrás me saludan. Era ella.

Los mismos de siempre

Los que sabemos esperar, los que siempre estamos, los que ponemos nuestro tiempo a disposición de los demás, los que seguimos esperando porq...