viernes, 4 de enero de 2008

¿Cuándo algo se transforma en imposible?

Con algo me refiero a una actividad, relación interpersonal, trabajo, sentimientos o cualquier otra cosa.
Si tuviéramos que enumerar aquellas cosas que consideramos imposibles deberíamos hacer un análisis muy profundo, teniendo en cuenta que la imposibilidad puede ser sólo miedo a realizarlo. Pero a aquello que trasciende el miedo y que es inalcanzable ¿qué lo transforma en realmente imposible?
Muchas respuestas dirían que nada es imposible, que con ganas todo se logra. Me parece una respuesta muy banal de alguien quien responde para salir del apuro.
Otras personas considerarían que el/los determinante/s de los imposibles son factores económicos, sociales, políticos, de recursos o emocionales.
Concebir una idea, ilusión, deseo; pasar por las etapas que esta requiera, con sus tiempos; pero cuando parece llegar el momento, haber alcanzado la meta, se cumple el sueño, sucede que nada se concreta y se trunca el camino ¿Será que estuvo mal concebido desde el principio? No considero que las metas ”nos queden grandes o chicas”, pero quizás tomamos decisiones desacertadas basándonos en el momento por el que estamos pasando, influenciados –consciente o inconscientemente- por quienes están cerca.
Luego de la idea truncada viene la desilusión y la sensación de fracaso. De todo siempre se aprende: su puede perder tiempo, dinero, ganas, energías, pero solo eso.
Lo cierto (y casi lamentablemente) es que somos seres humanos y tenemos una sola vida (si hay otras vidas, vivimos solo una vida a la vez), cada vez que tomamos una nueva decisión debemos arriesgar a todo o nada. La vida no es como un experimento de clase de física, que podemos ver cual decisión hubiere sido la correcta. Aprendemos a prueba y error.

¿Es inocente el hombre cuando no sabe?

“A los que creen que los regímenes comunistas de Europa central son exclusivamente producto de seres criminales, se les escapa una cuestión esencial: los que crearon los regímenes criminales no fueron los criminales, sino los entusiastas, convencidos de que habían descubierto el único camino que conduce al paraíso. Lo defendieron valerosamente y para ello ejecutaron a mucha gente. Mas tarde llegó la conclusión generalizada de que no existía paraíso alguno, de modo que los entusiastas resultaron asesinos.
En aquel momento todos empezaron a gritarles: ¡Sois los responsables de la desgracia del país (empobrecido y despoblado), de la pérdida de su independencia (cayó en poder de Rusia), de los asesinatos judiciales!
Los acusados respondían: ¡No sabíamos! ¡Hemos sido engañados! ¡Creíamos de buena fe! ¡En lo más profundo de nuestra alma, somos inocentes!
La polémica se redujo por lo tanto a la siguiente cuestión: ¿En verdad no sabían? ¿O sólo aparentaban no saber?
(…)
Y llegó a la conclusión de que la cuestión fundamental no es: ¿sabían o no sabían?, sino: ¿es inocente el hombre cuando no sabe?, ¿un idiota que ocupa el trono está libre de toda culpa solo por ser idiota?”

La insoportable levedad del ser (Milan Kundera)


Leyendo estas líneas pienso que las preguntas de Tomas (personaje del ensayo de Milan Kundera): ¿es inocente el hombre cuando no sabe?, ¿un idiota que ocupa el trono está libre de toda culpa solo por ser idiota? pueden aplicarse a cualquier situación cotidiana.
¿Hasta dónde llega la inocencia de quien no quiere comprender o hacerse cargo de una situación? ¿La comodidad del no sabía o no me di cuenta los exime de culpas? Creo que no, independientemente de las particularidades de cada relación. Desconocer o no darse cuenta implica casi no involucrarse realmente con el hecho, relación o lo que fuere.

Los mismos de siempre

Los que sabemos esperar, los que siempre estamos, los que ponemos nuestro tiempo a disposición de los demás, los que seguimos esperando porq...