miércoles, 27 de febrero de 2013

Síndrome de la cartera vacía

A la noche terminaba un libro. Esos finales que te dejan llena de preguntas. O termina mal o termina bien, pero no me dejes con la sensación de final sin cerrar ¿Qué sintieron cuando se cruzaron en la exposición? ¿Tenían ganas de hablar más? ¿Por qué no se jugaron esta vez?
En el final ella volvía al baño, se cruzaba con la hija del otro personaje y sentía alivio. (Me comí todo el libro, era obvio que se moría por un beso) Bueno, así terminó. Y yo... indignada por esos finales.

El tema es otro. Cuando cierro el libro, sentada en la cama, veo que la parte del placard donde guardo las carteras, bolsos y mochilas tiene la puerta abierta. Me quedo un largo rato mirando y también miro las carteras que uso a diario (todos los días uso una cartera distinta). Y creí entender lo que me pasa, tengo el síndrome de la cartera vacía.
Antes, mis carteras eran una extensión de mi vida, llevaba TODO, incluso aquello que jamás iba a usar, pero que todos sabemos que es útil y puede salvarte cuando aparecen situaciones insólitas. ¿Qué pasa ahora? Mis carteras son pequeñas y solo llevo pocas cosas y apelotonadas.
La sensación de la cartera llena me hacía sentir completa. Ahora me siento vacía, desde hace un tiempo. ¿Tenía que trasladarlo a uno de los objetos que más me gustan?

¡Maldito inconsciente!

No hay comentarios:

Publicar un comentario

1 morsa dice:

Un maniquí víctima de abuso sexual

En la escena había un maniquí víctima de abuso sexual con heridas de bala en el torso. Todo era complemente bizarro. El abusador, si así ...