miércoles, 2 de noviembre de 2016

Buenos vecinos

- ¿Otra vez? ¿Qué pasó?
Venía de mitad de cuadra con bolsas pesadas y caminando lento porque su perro está viejito.

¡La puta madre! Pensé. Ahora me va a querer preguntar todo.
Nos juntamos en la mitad de la calle, enfrente de la casa de Dorita.

-¿Qué pasó que volviste?
- Me separé.
- ¡Qué raro!

No le respondí. ¿Qué raro, qué? ¿Tanto sabés de mi vida como para opinar que es raro que yo me separe? Desde que me fui hasta el momento nunca te hablé, ni te escribí, ni tenemos nada en común como para que sepas de mi vida, pero ahí estabas sabiendo qué y cómo.

- Sí, me separé. A veces las cosas no funcionan, y bueno... acá estoy.
- Sí, te entiendo...
- No es que esté super, pero la llevo- me anticipé a la pregunta de ¿por qué te separaste?
-¿Dónde estás viviendo? Seguro que con tus viejos.
-Sí, vivo con mis papás.
- ¿Estás en la casa de adelante? Porque nunca la alquilaron, así que lo mejor es que vivas ahí...
¿Estás viendo a tu sobrino? Imagino que lo ves todo el tiempo.

Era una comunicación cómoda e incómoda. Por un lado ella me preguntaba y se respondía sola, yo solo tenía que afirmar sus palabras. Por el otro sabía más de mi vida de lo que yo suponía.
Así será en todos los barrios. Todos saben aún más que uno mismo de los pormenores de tu intimidad.

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1 morsa dice:

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