lunes, 6 de julio de 2015

Lecturas

No pude encontrarle un nombre tan fuerte a lo que me pasa: Soledad.
Pasé la tarde leyendo blogs, notas, y lo que sea sobre eso. Los cambios radicales de vida, como dejar tu ciudad para volver a empezar, parece que traen sensación de soledad.
Por mi parte, es complejo confiar en otros. Sí me relaciono, pero no confío. Es la primera traba para poder empezar algo.

Me gustan muchas cosas: leer, ir al cine, cenar con amigos, pasar el rato en un plaza con un mate. Hoy noto que todo eso me gusta porque lo hacía con mis amigos, esas personas que tenía a media hora de mi casa.
En este momento, aunque lea, vaya al cine o me siente en una plaza con un mate (además de que me miren raro en México) es difícil ¿A quién le digo que estoy leyendo xx? ¿Con quién voy al cine? ¿En qué parque me encuentro con mis amigos para tomar un mate y reinos un poco?

En muchos de los blogs que leí mencionan que uno de los actos más comunes en aislarse, evitar ver gente todo lo posible. Y si... a veces paso días sin salir de la casa. Intento tener ganas de hacer algo y se me va, porque quiero compartirlo, terminar el día y contarle a un amigo qué hice y cómo, que me cuente sus experiencias.

Sé que no son los demás, sino yo quien se aleja.
Tengo mil excusas: Ellos tienen un historia de años compartidas, un lenguaje, saben de qué hablan aunque no conozcan porque es su ciudad, su espacio, tienen conexiones (se conocen por el amigo del amigo que cursó en tal escuela)

Tampoco puedo pedir magia en apenas 6 meses.
Quiero hablar, que me escuchen. Siempre fui una persona que comunicó todo lo que le pasaba, pero a los interlocutores correctos. Acá no tengo interlocutores, y vuelven las excusas ¿Tengo que contarle a tal lo que me pasa? Primero tengo que darle una explicación general de cómo vivía, para después arrancar... Se me fueron las ganas.

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1 morsa dice:

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